En la actualidad es difícil encontrar a una persona religiosa que sea capaz de hablar de sexualidad abiertamente y que no tenga la intención de esquivar el tema insinuando que es un asunto exclusivo del matrimonio. Agustín condenaba la masturbación, sin alcanzar a dar un texto bíblico como soporte y Clemente condenaba el sexo anal por mero estoicismo naturalista sin ningún fundamento en el judaísmo, hebraísmo o escritos apostólicos cristianos. La historia de la religión cristiana nos muestra cómo, con San Clemente de Alejandría y San Agustín de Hipona, la religión se nos mete en la intimidad para arrancarnos el carácter público de la sexualidad y encadenarlo al secreto del lecho matrimonial. El carácter público del sexo radica en que es una manifestación cultural. Un cúmulo de patrones, roles y conductas característicos de una determinada sociedad. Con “sexo” no me refiero exclusivamente al acto sexual sino a todas las expresiones de la sexualidad humana. Pero, e...
Cultura, Filosofía y Teología