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La Sulamita de Salomón tenía algo de WAP


En la actualidad es difícil encontrar a una persona religiosa que sea capaz de hablar de sexualidad abiertamente y que no tenga la intención de esquivar el tema insinuando que es un asunto exclusivo del matrimonio. Agustín condenaba la masturbación, sin alcanzar a dar un texto bíblico como soporte y Clemente condenaba el sexo anal por mero estoicismo naturalista sin ningún fundamento en el judaísmo, hebraísmo o escritos apostólicos cristianos. 

La historia de la religión cristiana nos muestra cómo, con San Clemente de Alejandría y San Agustín de Hipona, la religión se nos mete en la intimidad para arrancarnos el carácter público de la sexualidad y encadenarlo al secreto del lecho matrimonial. El carácter público del sexo radica en que es una manifestación cultural. Un cúmulo de patrones, roles y conductas característicos de una determinada sociedad. Con “sexo” no me refiero exclusivamente al acto sexual sino a todas las expresiones de la sexualidad humana. Pero, el lenguaje ha sido el puente que relaciona a ambos, cultura y sexo. Lo seres humanos usamos el lenguaje para expresar, entre otras cosas, nuestra sexualidad; a esa correa de transmisión de información sexual que es el lenguaje se le ha llamado seducción y erotismo.

Donde quiera que encontremos manifestaciones culturales también encontraremos como condición previa al lenguaje; es decir, una comunidad de hablantes que organizan sus signos lingüísticos en relación a una organización de las experiencias que tienen. Así que el lenguaje es una condición necesaria para que haya cultura.

En la Biblia encontramos esa relación entre lenguaje, cultura y sexualidad teniendo un carácter público, no reservado al secreto de la pareja. Por ejemplo, en el libro de Génesis (Génesis 26), El rey de Gerar, Abimelec, descubre que el patriarca Isaac no es hermano de Rebeca cuando los ve por la ventana de su alcoba jugando y acariciándose. El narrador bíblico no aclara en qué consiste el juego, aunque cabe imaginar que es lo suficientemente erótico como para revelar a Abimelec la verdadera relación de los extranjeros, Isaac y Rebeca. También, el profeta Ezequiel habla alegóricamente de la infidelidad de Jerusalén: “Desde jóvenes, estas dos mujeres se entregaron a la prostitución; en Egipto dejaron que les manosearan los pechos, y perdieron su virginidad” (Ezequiel 23.3).

En muchas ocasiones el lenguaje sexual desvela procesos culturales latentes. Quiero señalar como ejemplo paradigmático la canción WAP de @iamcardib y @theestallion ya que, guardando las distancias culturales, es comparable al libro bíblico de Cantar de los Cantares con música. La Sulamita tenía algo de WAP, juzguen ustedes:

Aquí está el Cantar de los Cantares 5: 1-5

El hombre

He entrado en mi jardín, mi amor, mi novia.

Estoy recogiendo mis especias y mirra; (WAP)

Como mi miel y mi panal;

Bebo mi vino y mi leche. (WAP)

La mujer

Mientras dormía, mi corazón estaba despierto.

Soñé que mi amante llamaba a la puerta.

El hombre

Déjame entrar, cariño, mi amor, mi paloma.

Mi cabeza está mojada de rocío,

y mi cabello está húmedo por la niebla.

La mujer

Ya me he desvestido;

¿Por qué debería vestirme de nuevo?

Me he lavado los pies;

¿Por qué debería ensuciarlos de nuevo?

Mi amante puso su mano en la puerta,

y estaba emocionado de que estuviera cerca.

Estaba listo para dejarlo entrar.

Mis manos estaban cubiertas de mirra, (WAP)

Mis dedos con mirra líquida, (WAP)

Mientras agarraba la manija de la puerta. (sic)

Si aún hay personas que se escandalizan porque un hombre usa una camisa de flores, esto que he dicho aquí seguro reducirá mi círculo de amigos. Si alguien dice algo negativo sobre Cardi (que me encanta), será bloqueado. 😆


La Sulamita

Alexandre Cabanel

 (1823-1889)

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